Un nuevo yo, un nuevo renacer.

domingo, 13 de agosto de 2017

Vaya, el último post lo escribí para recibir el 2017. Guau. La verdad es que me parece que fue ayer cuando me sentaba a repasar el pasado año pero, por otro lado, parece que han pasado mil años, que incluso no sea yo la persona que lo haya escrito. De hecho, apenas ni lo recuerdo…

No es la primera vez que el blog sufre un parón, ni mi vida, pero si es la primera que lo hace por una cosa tan importante, un nuevo elemento en la ecuación de mi vida que ha hecho que todo girase una vez más pero a la mayor velocidad jamás pensada y ahora, ahora empieza a pararse y a dejar de tambalear todo lo de mi alrededor. 

Cuando me quedé embarazada imaginaba que iba a escribir mucho, que iba a pasar por un periodo de gran creatividad o eso me decían. Para nada ha sido así. Lejos de ser la típica embarazada que está radiante, hace yoga y pinta óleos preciosos, yo me encontraba sumergida en un estado profundamente catatónico con un hambre y una ansiedad voraz. 

Si escribí, pero cosas más personales que no iba a publicar aquí. Cartas a Gabriela, desahogos, reflexiones, siempre escribo cuando necesito una vía de escape.
Pero, admitámoslo,  escribí y dibujé poco, sinceramente, bastante tenía con lidiar con el cansancio extremo que me sobrellevaba y gastaba toda mi energía en ir a trabajar y en no parecer un mobiliario más de La Oficina.

Pensé en escribir sobre el embarazo, el parto, el postparto, la lactancia, la maternidad... Pero no lo hice y me alegro de no haberlo hecho. No quiero formar parte de ese circo de opiniones en el que te aferras pensando que va a ser como fulanita o como menganita porque no, podrás pasar por ello de una forma bonita y agradable o dolorosa y agónica pero nunca se parecerá a nada que le haya pasado nadie. Y, sobre todo, no podrás decidir la forma que quieres que todo pase. Así que no, no iba a ser una más contando mi historia y lo que si y lo que no. Por eso diré, ese momento de tu vida, pásalo tú, no te compares, no añores, no idealices, acepta lo que llegue y así será tu momento, único y especial porque será tuyo y de nadie más.

El caso, y lo que me lleva hoy a escribir en el blog después de tantos meses, es que si hay una certeza en mi vida es que he cambiado. Ya no sé si soy Beth (quien empezó este blog) o Bea (la que solía escribir aquí normalmente) o quién soy…

Al parecer soy mamá y aún estoy lidiando con cómo encaja eso en mi nueva yo.
Porque mi anterior yo ya no está, créeme, la he buscado. No está. Tengo un nuevo cuerpo por ejemplo, y que conste que no lo digo en plan superficial solo que pasé mucho tiempo aprendiendo a amar el anterior, ahora de momento estoy conociendo este nuevo cuerpo… Tengo una forma nueva de pensar, de ver la vida, de manejar situaciones e incluso de amar.

Ya no soy yo, ¿quién soy? Eso aún no lo sé. Solo sé que por primera vez desde que nació Gabriela hace tres meses, empiezo a sentirme yo, pero mi nuevo yo, sea cual sea. Será estar cerca del mar que lo remueve y lo coloca todo.

Como decía, el torbellino ha dejado de girar y mover todo a su paso y mientras aún se tambalean los muebles pienso. Bueno, todo ha cambiado, ahora viene una vida nueva, ¡qué bien que puedo poner unos buenos cimientos desde el principio! ¿no?

Voy a hacerlo bien, voy a descubrir quién quiero ser y me voy a querer en todo el proceso. Soy mamá y voy a ser la mejor madre posible. Voy a decidir qué vida quiero y cómo quiero vivirla y quién quiero en ella y quién no.

Él, ahora y siempre estará porque ya decidí hace tiempo que era una parte de mi ser, como un brazo o una pierna pero más importante, porque Él ha sido mi ancla en este huracán, mi luz en plena niebla, mi faro en la tempestad, el que me ha apoyado y el que paciente ha esperado (y espera) a que vuelva.
Y estoy volviendo, y poco a poco me voy a construir mejor y no voy a caer en los errores de mi yo pasado.

He elegido para la ilustrar el post la foto que hice ayer del Mar Cantábrico, las vista que tenemos al salir de casa y la que me acompañó en tantos veranos de mi infancia. Es el mismo mar pero distinto. Cada vez que se retira por el efecto de las mareas, vuelve renovado y diferente. Con cosas que ha aprendido durante el camino. Yo, como ese mar, también vuelvo, siendo la misma pero diferente.
Y porque llevamos aquí, es este lugar de mi infancia 15 días y me está ayudando a encontrarme, a aceptarme, a volver a empezar.

Empiezo un nuevo renacer, un nuevo libro, un nuevo cuaderno que escribir desde cero. Vaya responsabilidad y vaya ilusión de poder ser, por fin, quien quiero ser.

¿Me acompañas?

-Be.

5 comentarios

  1. Hola Bea!
    Qué bien leerte por aquí.
    Qué bonito pasar de una etapa a otra. Lo de verse distinta, pero seguir siendo la misma es muy curioso, verdad?
    Felicidades por tu maternidad, tienes una peque preciosa.
    Disfruta mucho de todo lo bueno.
    Y te espero por aquí.
    Un abrazo,
    Yoland M.L.

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  2. Toda tú me encantas. Creo que eres una mujer muy natural, sincera, creativa,.. La pequeña G tiene una mamá fantástica!!! Te leeré con muchas ganas. Bienvenida. A por ello!!!
    Un beso enorme.
    @lucroma

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  3. Hola Bea!!!!


    Me ha encantado el post!! Increible!! Es verdad que al final se muestra la vida de la gente idealizada, y tb es importante ver que es la realidad del dia a dia y como esta nos hace crecer y evolucionar, seguro que de esta experiencia se abre un nuevo aprendizaje y un nuevo camino! Un besito enorme

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  4. Tu nuevo yo ya es más empático, más generoso, más cariñoso, más agobiado (eso también, jajaja) y más feliz. Tú escencia, la de siempre, está ahí y Gabriela ya tiene un pedacito de ella.

    Beso grande!

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  5. Volver a un blog que hace tiempo que no visitas es como volver de alguna manera a un lugar conocido y es una sensación genial. Yo que tengo abandonado este mundo de bitácoras acabo de disfrutar mucho leyéndote, y espero que sigas publicando <3

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