En mi país de Nunca Jamas

miércoles, 15 de enero de 2014
 Os pongo en situación: el pasado 1 de enero, día de año nuevo (que ya sabéis que no me gusta especialmente), resaca paca, tirada en el sofá...
Bip bip, bip bip. Un whatsup en el grupo con mis amiguis. Con un enlace a un test que nos va a calcular nuestra edad mental.
Estoy aburrida.. ok, vamos a ver qué pasa... El programita en cuestión advierte: normalmente las personas tienen 5 años por encima a su edad real. Ok, yo me conozco y le digo: permíteme que lo dude..
Total, preguntas normales, respuestas normales, enviar.
-Calculando edad mental-

Y mi sorpresa llega cuando me dice que tengo... ¡¡¡¡¡19 AÑOS!!!!! ¡19 p**** años! ¿Qué broma es esta? Vale que los 19 fueron la leche y vale que siempre he tenido un poquito de síndrome de Peter Pan pero, 19???¿ Me he quedado retarder?



Es decir, sé que en algunos aspectos de mi vida no soy muy madura, de hecho soy consciente que manejo mal según que situaciones...
Pero es que me estás diciendo que me quedé en la edad en la que tuve mi primer novio y la relación fue nefasta, en la que no sabía que hacer con mi vida, en la que la la carrera era una nueva etapa divertida no una oportunidad de futuro, en la que esperaba que llegara el viernes como agua de mayo... Vale, aceptamos barco...

Quizá no es que tengamos miedo a crecer, quizá es que no sepamos como hacerlo. Porque no creo que sea la misma persona que la que era con 19 años aunque si sé que en algunos aspectos sí soy igual de vulnerable... 
Ya sabéis que soy muy de refranes y hay uno que viene muy al pelo: "No dejamos de jugar porque dejamos de ser niños. Dejamos de ser niños porque dejamos de jugar". 
Y yo me pregunto ¿es que sigo jugando? Porque a veces el juego no es divertido en absoluto...


He de admitir que mi cuento favorito de siempre es Peter Pan. Cada noche me escapaba a la isla de Nunca Jamás. No soñaba con que iba. Iba de verdad.
Porque señores, y esto se merece un capítulo aparte, mis sueños tienen un guión que no las películas de Steven Spielgberg. Sueño tanto por las noches que acabo agotada. Y sí, a veces me gustaría sñar un poquito menos...

El caso es las noches de mi infancia las pasé la mitad en Nunca Jamás y la otra mitad en un tren que me recogiá en mi ventana y viajaba por el cielo y era megadivertido...
Sí, dar gracias que en el test salió que tenía 19 y no 9...

Tanto me gustaba esta isla para refugiarme que escondí las coordenadas para saber de llegar de mayor, en un sobre con un poco de polvo de hadas (léase purpurina) para poder  volar hasta allí. Ya sabéis, la segunda estrella que más brilla a la derecha y directa hasta el amanecer...


Creo que de tanto refugiarme en mi pequeño Nunca Jamás particular de pequeña, ahora de mayor una parte de mí sigue aún allí. Y sí, quizá sea ese miedo a sufrir, a perder las cosas que me hacen feliz, a que me hagan daño el que me hace que vuele allí cada noche y me permita seguir siendo una niña... ¿Quién sabe?


7 comentarios

  1. Todos necesitamos siempre un poco de niño dentro de nosotros. Es como que nos recuerda que estamos vivos.
    besos desde insidemylittlecloset.blogspot.com

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  2. "Me he quedado retarder?"

    Casi muero de la risa :D

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  3. jajaja buenísimo! oye mejor "retarder" que demasiado avanzada, al final todo llega y visto lo visto mejor que vaya poco a poco, disfrutando y saboreando cada momento, hasta los ratitos de "nunca jamás"!

    un besazo guapa

    MCarmen
    MyEmptyBag

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  4. Hola, pues yo la verdad es que soy de esas personas que creo que he mejorado con los años. Sigo teniendo los mismos miedos e inseguridades pero en otros aspectos mucha más confianza. No se... quizá sea Wendy en toda esta historia ;D No se si te lo he dicho ya pero... me encanta tu espacio y me he puesto el gato de fondo de pantalla apra este enero. ¡¡Un besazo!!!

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